Cuento de Navidad: La limosna

La limosna Había tenido una vida muy agitada yendo por todas partes. De bar en bar: máquinas tragaperras, de tabaco,... De mano en mano, de bolsillo en bolsillo, de monedero en monedero, de máquina registradora en máquina registradora,... Ahora, hacía ya un cierto tiempo, estaba en un lugar completamente nuevo para mí. Me introdujeron, no recuerdo cómo, en un recipiente cerrado, esférico, pero con un fondo plano y con una rendija alargada en la parte superior, por donde se podía adivinar tenuemente si era de día o de noche. No estaba sola. Había muchas otras como yo; todas juntas y apretadas,… ¡tanto tiempo en el mismo lugar!... parecía que se hubieran olvidado de nosotras. Yo era de las más grandes y bonitas, aunque ya un poco gastada. De vez en cuando, por la rendija dejaban caer nuevas compañeras, más pequeñas o más grandes, que pasaban a engrosar el número de las prisioneras.